Higiene

Higiene

La higiene personal es parte importante de la estrategia de autocuidado y manejo de la diabetes. Los dientes, la piel y los pies necesitan una atención diaria especial.

El cuidado de ellos en la forma correcta, con el control y ayuda del equipo de atención médica, es un factor clave para evitar las complicaciones.


Para evitar enfermedades periodontales, necesitás un buen control de la diabetes y un cuidado bucal. Incluí lo siguiente en tu cuidado bucal diario:

  • Utilizá un cepillo de dientes de cerdas suaves, porque los de cerdas medianas o duras pueden lastimarte las encías.
  • Cepilláte los dientes dos veces al día.
  • Utilizá hilo dental diariamente.
  • Reemplazá tu cepillo de dientes al menos cada 3 meses.

Vos podés hacer varias cosas para evitar tener problemas en la piel. Probá con estos consejos de la Asociación Estadounidense para la Diabetes (American Diabetes Association).

  • Tomá baños o duchas tibias, ya que el agua caliente seca la piel.
  • Usá un champú suave y jabón humectante sin perfumes. Usá una crema humectante para la piel después de bañarte o ducharte.
  • Mantené tu casa con más humedad y bañáte con menor frecuencia cuando el clima esté seco o haga frío.
  • Prevení la sequedad de la piel: no te rasques cuando te dé comezón y humedecéla, especialmente cuando el clima sea ventoso o frío.
  • Usá talco en los pliegues y en los lugares donde haya roces de la piel, como por ejemplo, las axilas y la ingle.
  • Tené cuidado de no herirte, limpiá los cortes de la piel de menor gravedad enseguida con agua y jabón.
  • Evitá usar alcohol, mercurocromo o yodo.
  • Sólo utilizá el antibiótico en crema o pomada que te recomiende tu médico.
  • Cubrí el corte con una gasa estéril.
  • Consultá al médico enseguida si sufrís un corte, una quemadura o una infección de mayor gravedad.
  • Evitá los atomizadores de higiene femeninos.
  • Visitá al dermatólogo si no podés solucionar los problemas de la piel.

Existen varios pasos simples que podés seguir para evitar las heridas y reducir el riesgo de sufrir lastimaduras en los pies. Dedicá periódicamente un tiempo al cuidado de los pies; puede ser de ayuda para que vos los mantengás saludables.

Examiná diariamente tus pies.

  • Observá el empeine y la planta de los pies y entre los dedos.
  • Si tenés dificultad para doblarte, utilizá un espejo para controlar las plantas o pedíle a alguien que te ayude.
  • Examiná tus pies en un lugar bien iluminado.
  • Un buen momento para examinar los pies es después del baño o la ducha. Observá si hay algún cambio en ellos.
  • Buscá cortes, rasguños, ampollas, callos, callosidades, uñas encarnadas o signos de infección.
  • También buscá piel blanca, húmeda y arrugada, en especial entre los dedos. Verificá con el tacto si hay algún aumento de la temperatura de la piel.
  • Las partes calientes pueden indicar una infección por debajo de la piel o una inflamación.
  • Si padecés algún daño en los nervios de los pies, podés sentir muy poco o nada de dolor que te haga advertir esto.
  • Consultá a tu médico si tenés alguna duda o ante la primera señal de problemas. Tus pies necesitan un cuidado permanente.
  • Aseguráte de que el médico o la persona capacitada del equipo médico que te atiende revise profundamente tus pies durante las visitas rutinarias.
  • Los podólogos y los pedicuros son profesionales de la salud que se especializan en el cuidado y el tratamiento de tus pies. Estos especialistas pueden tratar los problemas de tus pies y recomendarte zapatos especiales o plantillas ortopédicas, si es necesario.

Pies

Mantené tus pies limpios.

  • Límpiá tus pies diariamente con una esponja blanda y un jabón suave en agua tibia. Recordá controlar la temperatura del agua con la muñeca o el codo para asegurarte de que el agua no esté demasiado caliente y evitar quemarte los pies. 
  • No pongás los pies en remojo en agua o cualquier otra solución.  
  • Si ponés los pies en remojo, tu piel se secará aún más.

Secá tus pies.

  • Utilizá una toalla suave para secar completamente los pies.
  • Recordá secar entre todos y cada uno de los dedos. 
  • No te pongás ninguna loción entre los dedos y no utilicés secador de cabello para secarte los pies.

Aplicá una loción.

  • Colocáte loción en el empeine y en la planta de los pies después de cada limpieza.
  • Una loción suave a base de entre un 5 y un 10% de urea, te ayudará a mantener la piel húmeda.

Callosidades y callos

Los pies desarrollan callos y callosidades como una forma de proteger la piel contra la presión o la fricción, causada por un calzado poco apropiado o una forma de caminar inadecuada. Ten en cuenta la forma de caminar inadecuada puede empeorar aún más, una vez que se forman los callos y las callosidades.

  • Liberáte de las callosidades y los callos reduciendo la presión en los pies. 
    Esto puede implicar adquirir un calzado adecuado y de buen calce, y tal vez utilizar plantillas especiales en los zapatos. Las plantillas te ayudarán a repartir el peso del cuerpo en forma homogénea sobre la planta del pie.
  • Tené cuidado con la formación de callos suaves. 
    Cuando el pie esté seco, limá suavemente las partes callosas con una piedra pómez. Después, aplicá loción en todas las partes callosas para mantener los callos flexibles y evitar que se sigan partiendo. Evitá utilizar los productos que se venden para quitar vos mismo callosidades o callos. Te pueden causar quemaduras y dañar la piel saludable alrededor del área con problemas. No utilices almohadillas para las callosidades. 
  • Nunca cortés las callosidades o los callos con una navaja.
    Si tenés callos gruesos, consultá con tu médico cómo tratarlos y prevenirlos.

Uñas de los pies

  • Mantené las uñas de los pies bien recortadas y parejas.
  • Utilizá una tijera sin punta para cortar las uñas en línea recta y luego limá los bordes con una lima. No cortés las uñas demasiado cortas, dejá siempre aproximadamente de 1,5 a 3 mm de uña libre más allá del borde del dedo. El mejor momento para cortar las uñas es después de bañarse, cuando están blandas y son fáciles de recortar. Si tenés dificultades para llegar a las uñas con facilidad o si las uñas son muy gruesas y difíciles de cortar, buscá la ayuda de un profesional entrenado para tratar uñas, como por ejemplo, un podólogo o un pedicuro.
  • Visitá al médico en caso de tener una uña encarnada.
  • No tratés de curarla vos mismo.

Medias y Calzado

Medias

  • Usá medias limpias todos los días.
  • Una media que tiene por lo menos un 80% de algodón o lana ayuda a absorber la transpiración y permite que la piel respire.
  • Evitá las medias de nylon.
  • Las medias deben calzar bien y no deben tener un elástico ajustado, especialmente en la parte superior. Evitá las medias con costuras gruesas.
  • Usá medias, zapatos o botas abrigadas en invierno. Te ayudarán a evitar el congelamiento. Recordá que la sensación térmica en tus pies no es muy confiable.
  • Evitá usar almohadillas para calentarlos o bolsas de agua caliente. Estas pueden quemarte la piel. En cambio, usá medias de lana para mantener tus pies calientes.

Zapatos

  • Nunca caminés descalzo en tu casa o afuera.
  • Usá zapatos y medias dentro de la casa y afuera, todos los días, para proteger y darle apoyo a tus pies. Antes de ponerte los zapatos, siempre sacudílos y luego, con cuidado, verificá que no haya piedras u objetos duros que puedan lastimar tus pies.
  • Usá el calzado apropiado.
  • Los zapatos deben tener una suela de goma, gruesa y flexible. Deben ser cerrados en el talón y en la punta del pie. El interior del zapato debe ser amplio y bastante profundo para acomodar los dedos. Evitá usar zapatos con punta. El forro interno del zapato no debe tener protuberancias, pliegues o costuras. Los zapatos con cordones o con cierre tipo velcro son los mejores. Evitá los zapatos sin cordones. Comprá zapatos cuando tus pies estén hinchados. Comprá zapatos por la tarde; es mejor que comprarlos por la mañana.
  • Evitá usar zapatos que te aprieten. Si vos estás comprando zapatos nuevos y tus pies se encuentran entumecidos, hacé un contorno de cada pie en un papel duro y recortálo. Introducí las siluetas en el par de zapatos que pensás comprar. Esto te ayudará a determinar si son adecuados.
  • Al principio, usá los zapatos nuevos sólo por períodos cortos.
  • Acostumbráte a los zapatos nuevos utilizándolos de 1 a 2 horas por día, como máximo. Después de usar los zapatos nuevos, inspeccioná cuidadosamente tus pies y buscá áreas enrojecidas o irritadas que puedan indicar un problema.

Tropezar o chocar con objetos duros.

Si tropezás o chocás con un objeto duro, controlá tus pies para asegurarte de que no se lastimaron. Si tenés poca sensibilidad en tus pies, podés no sentir el dolor que normalmente nos advierte de una lastimadura grave.

Heridas en los pies.

Si tenés un pie lastimado, no caminés con él aunque no te duela, ya que eso te puede causar más daño.

Ampollas, cortes y rasguños.

Tratá las ampollas, los cortes y los rasguños enseguida. Nunca utilicés químicos fuertes, tales como el ácido bórico, peróxido de hidrógeno o cualquier otro antiséptico, porque éstos sólo pueden dañar el tejido sano.

No rompás las ampollas vos mismo, ya que podés provocarte una infección. Simplemente, limpiá la herida con agua y jabón; llamá a tu médico para un tratamiento más especializado.

Cubrí todas las heridas abiertas con un apósito estéril.

Llagas abiertas

Llamá a tu médico si existen señales de calor, enrojecimiento, hinchazón, pus o dolor en la llaga abierta o en la zona que la rodea.

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